La familia Waidelich se instaló a comienzos de los ochenta en la localidad misionera limítrofe con Brasil llamada Andresito, ubicada a 50km de las Cataratas del Iguazú.
En Andresito, que en aquel entonces era lo profundo de la selva virgen misionera, los Waidelich instalaron la chacra "Los Cedritos" con la intensión expresa de trabajar la tierra cuidando el ambiente que lo rodeaba y especialmente los árboles.
Para ello utilizaron técnicas alternativas de producción que iban en contra de la tradición en Misiones que dice que primero hay que limpiar la selva con el hacha y el fuego y luego dedicarse al monocultivo.
De esa forma dejaron los grandes árboles en pie y eliminaron solamente el sotobosque para plantar yerba. Al mismo tiempo incorporaron ganado vacuno y también ovejas que se alimentaban de la maleza en las plantaciones y abonaban la tierra. Posteriormente la chacra fue abierta entonces para visitas de ecoturismo, otro de los usos sustentables a los que se trata de dar a la selva misionera para evitar su retroceso.
Como forma de complementar la oferta turística de la chacra –que aun sigue en funcionamiento-, Otto Waidelich comienza a elaborar diferentes ideas junto a su familia, enfocando cada una de ellas en ayudar a concientizar sobre la problematica de esos inmensos troncos centenarios que a diario el veía caer en los alrededores de su chacra.
Así, despues de varios intentos y largos meses donde la imaginación proponía una y otra alternativa, surje la idea de "La Aripuca".
Los Primeros Pasos
Para la construcción de "La Aripuca", se necesitaba encontrar un lugar que tuviera condiciones favorables: una buena ubicación cerca de la gente, y el espacio necesario para un obra de tal magnitud.
Aquí tambien fueron muchas las ideas que aparecieron, determinando como la definitiva, debido a su cercania con la localidad donde residian los Waidelich y a la asistencia permanente de turistas que año a año visitan las maravillosas caidas de agua, emplazar el monumento cercano a las Cataratas del Iguazú, mas especificamente en la localidad de Puerto Iguazú.
Fué así que en 1997, se consiguió el espacio donde actualmente se encuentra establecido el monumento, luego de tres años y medio de incansable insistencia y gestiones; un largo período que, sin embargo, no apaciguó ni un instante la capacidad de soñar y ver el proyecto realizado.
A la búsqueda de los troncos
Luego de solucionado el problema del predio y su ubicación se debían iniciar los trabajos de ubicación de especimenes arboreos que se ajusten a las especificaciones necesarias para el proyecto pero sobre todo, que esten en buenas condiciones y puedan ser vendidos/recuperados tanto de aserraderos, como de chacreros que los talaron asi como de autoridades de control que hayan secuestrado en operativos de tala ilegal.
Si bien este proceso arrancó mucho antes incluso del inicio de las gestiones de la ubicación, la demora en conseguir el espacio, generó la perdida de grandes ejemplares quienes fueron presas del tiempo y la própia naturaleza quien los fue degradando no posibilitando su uso para el proyecto. Es por ello que, si bien ya se contaba con algunos especimenes de gran importancia, muchos de ellos hubo que volver a su búsqueda.
Una vez localizados, en toda la provincia, los diferentes especimenes necesarios, se debía iniciar con el proceso de traslado. Este proceso demoró mas de un año, habiendo trabajo en esta tarea más de diez personas con camiones y otras diez entre preparadores de madera y arrastradores, un despliegue de mano de obra dificil de imaginar si se concibe el verdadero tamaño de los troncos que requería la obra.
El mayor y mas pesado de los troncos (27 metros y 37 toneladas), fue traido desde Bernardo de Irigoyen, ubicado a 200km de Iguazú, insumiendo para llegar a destino mas de 7 días debido al cuidado que se debía tener en la Ruta Nacional Nº 101 con semejante carga. Se trata de un Pino Paraná o Araucaria, que tiene unos 500 años y fue muerto por un rayo. Con una altura de 27 metros originalmente, su traslado causó muchas dificultades, ya que, en algunas curvas, hubo que ampliar el camino para poder seguir adelante, además de las lluvias y tormentas normales de la región.
La construcción
El 11 de Marzo de 1998 fue colocado el primer ejemplar, un "Espina de Corona" de aproximadamente 300 años. Ese día fue de los más significativos para la familia ya que, recién en ese momento, sintió la retribución por tanto esfuerzo.
Para la construcción, además, debieron contratarse dos grúas que se encargaron de levantar los pesados ejemplares. Tan grande era el deseo de ver el trabajo de tantos años al fin realizarse que, milagrosamente, en 27 días, se terminaban de colocar los últimos troncos para que la obra, aunque todavia sin techo, quedara sólidamente levantada.
Paralelamente a "La Aripuca" se construía la enorme y maravillosa entrada, con dos ejemplares de Ybira-Pita (En guaraní: madera roja) cuyas edades sumadas hacen un total de 1500 años. Quien sabe cuantas historias, cuantos soles, lluvias, tormentas y lunas han presenciado, cuántos seres vivieron dentro y sobre ellos...y esas viviencias nos invitan a indagar cuando penetramos en su ahuecado interior en forma de puerta.
Y aún sin techo, "La Aripuca", plasmando un sueño realizado, abría sus puertas gloriosamente el día 15 de julio de 1998 al primer turista que observaba con detenimiento y asombro la variedad de ejemplares que lo componene y que son, hasta hoy, parte de la selva misionera